FUNDACIÓN DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO DE LA LITERATURA

viernes, 15 de abril de 2011

ANÁLISIS LITERARIO DEL CUENTO ¨LOS AMOS¨ DE JUAN BOSCH

Los amos

Juan Bosch

Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo.

-Le voy a dar medio peso para el camino. Usté esta muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva.

Cristino extendió una mano amarilla, que le temblaba.
-Mucha gracia, don. Quisiera coger el camino ya, pero tengo calentura.
-Puede quedarse aquí esta noche, si quiere, y hasta hacerse una tisana de cabrita. Eso es bueno.
Cristino se había quitado el sombrero, y el pelo abundante, largo y negro le caía sobre el pescuezo. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes.
-Ta bien, don Pío -dijo-; que Dio se lo pague.
Bajó lentamente los escalones, mientras se cubría de nuevo la cabeza con el viejo sombrero de fieltro negro. Al llegar al último escalón se detuvo un rato y se puso a mirar las vacas y los críos.
-Que animao ta el becerrito -comentó en voz baja.
Se trataba de uno que él había curado días antes. Había tenido gusanos en el ombligo y ahora correteaba y saltaba alegremente.
Don Pío salió a la galería y también se detuvo a ver las reses. Don Pío era bajo, rechoncho, de ojos pequeños y rápidos. Cristino tenía tres años trabajando con él. Le pagaba un peso semanal por el ordeño, que se hacía de madrugada, las atenciones de la casa y el cuido de los terneros. Le había salido trabajador y tranquilo aquel hombre, pero había enfermado y don Pío no quería mantener gente enferma en su casa.
Don Pío tendió la vista. A la distancia estaban los matorrales que cubrían el paso del arroyo, y sobre los matorrales, las nubes de mosquitos. Don Pío había mandado poner tela metálica en todas las puertas y ventanas de la casa, pero el rancho de los peones no tenía ni puertas ni ventanas; no tenía ni siquiera setos. Cristino se movió allá abajo, en el primer escalón, y don Pío quiso hacerle una última recomendación.
-Cuando llegue a su casa póngase en cura, Cristino.
-Ah, sí, cómo no, don. Mucha gracia -oyó responder.
El sol hervía en cada diminuta hoja de la sabana. Desde las lomas de Terrero hasta las de San Francisco, perdidas hacia el norte, todo fulgía bajo el sol. Al borde de los potreros, bien lejos, había dos vacas. Apenas se las distinguía, pero Cristino conocía una por una todas las reses.
-Vea, don -dijo- aquella pinta que se aguaita allá debe haber parío anoche o por la mañana, porque no le veo barriga.
Don Pío caminó arriba.
-¿Usté cree, Cristino? Yo no la veo bien.
-Arrímese pa aquel lao y la verá.
Cristino tenía frío y la cabeza empezaba a dolerle, pero siguió con la vista al animal.
-Dese una caminata y me la arrea, Cristino -oyó decir a don Pío.
-Yo fuera a buscarla, pero me toy sintiendo mal.
-¿La calentura?
-Unjú, me ta subiendo.
-Eso no hace. Ya usté esta acostumbrado, Cristino. Vaya y tráigamela.
Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descarnados. Sentía que el frío iba dominándolo. Levantaba la frente. Todo aquel sol, el becerrito...
-¿Va a traermela? -insistió la voz.
Con todo ese sol y las piernas temblándole, y los pies descalzos llenos de polvo.
-¿Va a buscarmela, Cristino?
Tenía que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba más los brazos sobre el pecho. Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. Eso asustó a Cristino.
-Ello sí, don -dijo-: voy a dir. Deje que se me pase el frío.
-Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.
Cristino seguía temblando, pero comenzó a ponerse de pie.
-Si: ya voy, don -dijo.
-Cogió ahora por la vuelta del arroyo -explicó desde la galería don Pío.
Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. Don Pío lo veía de espaldas. Una mujer se deslizó por la galería y se puso junto a don Pío.
-¡Qué día tan bonito, Pío! -comentó con voz cantarina.
El hombre no contestó. Señaló hacia Cristino, que se alejaba con paso torpe como si fuera tropezando.
-No quería ir a buscarme la vaca pinta, que parió anoche. Y ahorita mismo le di medio peso para el camino.
Calló medio minuto y miró a la mujer, que parecía demandar una explicación.
-Malagradecidos que son, Herminia -dijo-. De nada vale tratarlos bien.
Ella asintió con la mirada.
-Te lo he dicho mil veces, Pío -comentó. Y ambos se quedaron mirando a Cristino, que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana.



El autor y su época

Juan Bosch es el autor del importante cuento, “Los amos”. Juan Bosch nació en la ciudad de La Vega el 30 de junio de 1909 y falleció el 1ro. de noviembre del 2001 en Santo Domingo.
Bosch es uno de los más destacados cuentistas latinoamericanos, escribiendo varias obras de distintos géneros, como ensayos de análisis sociológicos, novela, y más que nada sus cuentos que le han merecido el crédito de ser uno de los mejores cuentistas de América. Además se ha destacado como un político de alta sensibilidad, fundando dos de las más importantes organizaciones políticas de la República Dominicana, y por medio de las cuales llegó a ser Presidente de la República.


Argumento:

Todo se desarrolla en la zona rural, en una finca propiedad de Don Pío, cuando éste llama a Cristino, su peón y le ofrece medio peso, para que se vaya y vuelva cuando se mejore. Cristino le da las gracias al extender una mano amarillenta y temblorosa, sentía fiebre y no podía seguir el camino, pero Don Pío le pide que se quedara esa noche y se hiciera una tisana de cabrita. Al Cristino quitarse el sombrero, bajó los escalones a mirar los críos y las vacas, como una forma de despedida. Don Pío le dio una última recomendación, al mandarlo a buscar una vaca que había parido en la noche, pero Cristino no se sentía bien de la fiebre que lo agobiaba, y se tuvo al negar, pero al Don Pío seguir insistiendo y bajar del barcón, Cristino se asustó y empezó a caminar para buscarle el crío y la vaca, pero temblaba al caminar, comenzó a cruzar la gran sabana. Desde la galería a espalda de Don Pío, Herminia susurraba a éste que se lo había dicho mil veces que de nada valía tratar bien a los peones, porque estos eran malagradecidos.


Tema:

El tema de esta obra se centraliza en la explotación de los obreros, hombres y mujeres que valoralizan más a sus riquezas que a los seres humanos que le sirven con humildad.


Mensaje:

El amo no tiene ninguna conciencia por el obrero, a pesar del peón estar enfermo lo mandó a buscarle la vaca que habia parido en la noche, sin importarle la salud del mismo. Prefiere que el peón se muera a perder su propiedad.





Valores morales y sociales:

En este cuento resaltan a la vista los valores de explotación del hombre por hombre, para conseguir sus bienes y dones, sin importar la salud, ni males que afectan a la clase más necesitada. Los trabajadores de todos los tiempos y todos lugares del planeta le han servido a los poderosos, a los ricos, ellos son los dueños del mundo, y se lo merecen todo. La falta de conciencia es un mal que afecta a esta clase social, no le importa los problemas que afectan a la clase pobre del planeta.


Recursos lingüísticos:

Entre los recursos lingüísticos están por el autor están: descripción, metáforas, hipérboles, paradojas:




DESCRIPCIÓN:

Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. Don Pío lo veía de espaldas. Una mujer se deslizó por la galería y se puso junto a don Pío.

HIPÉRBOLES:

Tenía que responder, pero la lengua le pesaba.

Cristino se sujetaba el pecho con los dos brazos descarnados

La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes



METÁFORAS:

Cristino extendió una mano amarilla, que le temblaba.
Vestía una camisa de listado sucia y de tela tan delgada que no le abrigaba.
Cristino se había quitado el sombrero, y el pelo abundante, largo y negro le caía sobre el pescuezo. La barba escasa parecía ensuciarle el rostro, de pómulos salientes

PARADOJA:
Si se mejora, vuelva.
-Ello sí, don -dijo-: voy a dir. Deje que se me pase el frío.
-Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.

Punto de Vista del Narrador:
El punto de vista del narrador es tercera persona.


Personajes:
Don Pío (amo), Cristino (peón) y Herminia (esposa de Don Pío)


Nivel de lenguaje empleado:
El nivel de lenguaje empleado por el autor es sociocultural, perteneciente a la clase campesina.




Palabras desconocidas buscadas en el diccionario:

Aguaita o Aguaitar: Ponerse en cuclillas, acechar.
Arrea o Arrear: Estimular a las bestias para que echen a andar para que aviven el paso.
Arrímese o Arrimarse: Acercar o poner una cosa junto a otra.
Calentura: Fiebre, temperatura alta.
Cantarina: Aficionado a cantar

Correteaba o Corretear: Correr un niño de un lado a otro. Perseguir a una persona.

Descarnados o Descarnar: Quitar la carne adherida al hueso o piel.

Fieltro: Especie de paño no tejido que resulta de prensar borra, lana o pelo.

Tisana: Bebida medicinal que resulta del cocimiento ligero de una o varias hierbas.

Pómulos: Hueso y prominencia de cada una de las mejillas.

Pescuezo: Parte del cuerpo animal o humano desde la nuca hasta el tronco.

Peón o peones: Obrero que realiza trabajos no especializados o trabaja como ayudante algunos oficios.

Setos: Cercado hecho de palos o varas entretejidas.

Resonaron o Resonar: Producir resonancia, sonar mucho.

Torpe: Que es de movimiento lento, tardo y pesado. Desmañado, falto de habilidad y destreza. Poco acertado o oportuno.


Juicio valorativo de la obra, opinión resaltando los valores esenciales, la calidad del tema y validez del mensaje; similitud de la situación con relación a nuestra realidad, personal, nacional o internacional.
Como juicio valorativo puedo expresar que los amos es una obra de un gran contenido social, porque retrata la situación de la explotación del hombre por hombre, propia de la República Dominicana.

Puedo opinar que los valores que más resaltan en este cuento los amos resalta que la historia de la humanidad está marcada por dos clases sociales: los explotadores y los explotados. El ser humano siempre ha realizado trabajos que ningún otro ser o animal ha hecho, esclaviza a su misma especie. Estos hechos son innumerables e irrepochables en la historia universal. En todos tiempos y sociedades ha existido esta práctica que contrarresta al ser humano. Juan Bosch nos narra la historia de un personaje viejo y cansado, sin energia, enfermo, al que su amo despide por no querer gente enferma en su finca. El amo y su esposa se burlan de quien le sirvió la vida entera a cambio de nada.


funideli